Agua Que No Merma

21 de agosto de 1923

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(Piolín Mota ex portero de Necaxa) Mienten: el fútbol si es un negocio 
Para Toño Mota, el fútbol sí es un negocio. “Miente quien diga lo contrario. Mira, un día en 1971, Julio Orvañanos, presidente del equipo, nos dijo que si los jugadores queríamos nos daba el Necaxa, para que lo administráramos. Claro que sí, le respondimos. Pero vamos a sentarnos ante un notario para que todo lo que gira alrededor de ese equipo lo administremos. Es decir, lo que paga la televisión por las transmisiones, las concesiones de refrescos, de cervezas, etc. Entonces dijo que no, que eso no. Que nos pasaba, pero solamente el puro equipo. Le respondimos que para eso tomábamos uno del llano. No se animó”.
“Y es que resulta que en aquel tiempo la televisión les daba en la mano $5, 000,000.00 por los juegos que iba a transmitir. Así que solamente con los puros intereses de ese dinero pagaban la nómina. Lo que sucede es que cuando vas a firmar, los directivos siempre te hablan de números rojos. ¿Dónde estaban las pérdidas?”.
“Insisto en que el fútbol ya no es deporte, se ha mercantilizado. Es un negocio. Ahora los jugadores quieren saber cuánto van a ganar, antes de saber si van a rendir. En general, al fútbol del mundo le faltan ídolos. Los actúales futbolistas, desde Maradona y Platini hasta Socrátes, ninguno de ellos tiene la categoría de aquellos Rivelino, Gerson, Jairzinho y menos de Pelé. Ese seños definitivamente se cocina aparte”.
“En nuestro medio es lo mismo. La gente va al fútbol cuando juega el Guadalajara, pero no atraída por ver a determinado jugador. La televisión ha contribuido a crear ídolos de papel, sin base, sin fundamento”.
Platicar con Toño Mota y no pregúntale sobre aquellos ocho goles que le clavó Inglaterra, así como la frustrada creación del sindicato de futbolistas, hubiera sido imperdonable.
Al recordar el primero de los temas, el “Piolín” sonríe y habla: “Es curioso, la mayoría o todos los aficionados mexicanos recuerdan a Toño Mota por aquellos ocho goles que me anotó Inglaterra. Pero pocos recuerdan o saben de estadística. Durante el tiempo que fui seleccionado solamente perdí tres encuentros, incluido ese de Inglaterra. Eso en el plano internacional. En el plano nacional el promedio de goles por temporada fue de 287 tantos. Y por ejemplo, en un campeonato Raúl Orvañanos admitió más de 70 goles”.
“Además, aunque en ese momento podría sonar a justificante, quiero decir que en aquel partido contra Inglaterra, Antonio Carbajal le escurrió ‘al bulto’. Carbajal, para mí, así como para muchos que lo tratamos, fue un ídolo falso, de barro. Sí, es cierto que jugó cinco copas del mundo. ¿Pero cuántos partidos jugó y contra qué equipos? Hay que revisar las estadísticas para observar que contra los equipos fuertes Carbajal, extrañamente siempre estuvo ausente. Por enfermedad, por lesiones o por cualesquier pretexto, pero siempre ausente de los compromisos fuertes”.
Finalmente, en cuanto al otro punto, el del sindicato de jugadores profesionales, Mota indicó que “aún está reconocido y yo tengo esa vigencia. Sin embargo, en estos momentos más que ayudar a los jugadores, una organización sindical ayudaría a los directivos. En la actualidad los salarios de los futbolistas ya los quisieran profesionistas”.
“En aquel tiempo si era necesario el sindicato porque por ejemplo en el Necaxa llegaron a debernos meses de salario. Y para quienes firmábamos un contrato en que se nos adelantaba algo de dinero, los intereses bancarios nos salvaban. Pero a los muchachos que les pagaban $500.00 de los cuales tenían que dejar $300.00 para su familia y el resto para los camiones resultaba dramático”.
“Contra ese tipo de medidas iba encaminado el sindicato, lo mismo para crear fondos para cuando los futbolistas se retiraran. En la actualidad los jugadores exigen elevados salarios antes de saber si los van a desquitar. Y aquello fue cortado de tajo, de tal suerte que Gregorio Villalobos, Arturo Chaires, Francisco Jara, Carlos Albert, “japonés” Magañana, Roberto Martínez y muchos más terminamos nuestras carreras cuando aún teníamos algunos años por delante. En mi caso, a los 30 años”, concluyo el “Piolín”, dedicado ahora a comentarista radiofónico y a instructor de fútbol entre la niñez.
Fragmento de El Informador por Francisco López Castro en mayo de 1986.

(Piolín Mota ex portero de Necaxa) Mienten: el fútbol si es un negocio 

Para Toño Mota, el fútbol sí es un negocio. “Miente quien diga lo contrario. Mira, un día en 1971, Julio Orvañanos, presidente del equipo, nos dijo que si los jugadores queríamos nos daba el Necaxa, para que lo administráramos. Claro que sí, le respondimos. Pero vamos a sentarnos ante un notario para que todo lo que gira alrededor de ese equipo lo administremos. Es decir, lo que paga la televisión por las transmisiones, las concesiones de refrescos, de cervezas, etc. Entonces dijo que no, que eso no. Que nos pasaba, pero solamente el puro equipo. Le respondimos que para eso tomábamos uno del llano. No se animó”.

“Y es que resulta que en aquel tiempo la televisión les daba en la mano $5, 000,000.00 por los juegos que iba a transmitir. Así que solamente con los puros intereses de ese dinero pagaban la nómina. Lo que sucede es que cuando vas a firmar, los directivos siempre te hablan de números rojos. ¿Dónde estaban las pérdidas?”.

“Insisto en que el fútbol ya no es deporte, se ha mercantilizado. Es un negocio. Ahora los jugadores quieren saber cuánto van a ganar, antes de saber si van a rendir. En general, al fútbol del mundo le faltan ídolos. Los actúales futbolistas, desde Maradona y Platini hasta Socrátes, ninguno de ellos tiene la categoría de aquellos Rivelino, Gerson, Jairzinho y menos de Pelé. Ese seños definitivamente se cocina aparte”.

“En nuestro medio es lo mismo. La gente va al fútbol cuando juega el Guadalajara, pero no atraída por ver a determinado jugador. La televisión ha contribuido a crear ídolos de papel, sin base, sin fundamento”.

Platicar con Toño Mota y no pregúntale sobre aquellos ocho goles que le clavó Inglaterra, así como la frustrada creación del sindicato de futbolistas, hubiera sido imperdonable.

Al recordar el primero de los temas, el “Piolín” sonríe y habla: “Es curioso, la mayoría o todos los aficionados mexicanos recuerdan a Toño Mota por aquellos ocho goles que me anotó Inglaterra. Pero pocos recuerdan o saben de estadística. Durante el tiempo que fui seleccionado solamente perdí tres encuentros, incluido ese de Inglaterra. Eso en el plano internacional. En el plano nacional el promedio de goles por temporada fue de 287 tantos. Y por ejemplo, en un campeonato Raúl Orvañanos admitió más de 70 goles”.

“Además, aunque en ese momento podría sonar a justificante, quiero decir que en aquel partido contra Inglaterra, Antonio Carbajal le escurrió ‘al bulto’. Carbajal, para mí, así como para muchos que lo tratamos, fue un ídolo falso, de barro. Sí, es cierto que jugó cinco copas del mundo. ¿Pero cuántos partidos jugó y contra qué equipos? Hay que revisar las estadísticas para observar que contra los equipos fuertes Carbajal, extrañamente siempre estuvo ausente. Por enfermedad, por lesiones o por cualesquier pretexto, pero siempre ausente de los compromisos fuertes”.

Finalmente, en cuanto al otro punto, el del sindicato de jugadores profesionales, Mota indicó que “aún está reconocido y yo tengo esa vigencia. Sin embargo, en estos momentos más que ayudar a los jugadores, una organización sindical ayudaría a los directivos. En la actualidad los salarios de los futbolistas ya los quisieran profesionistas”.

“En aquel tiempo si era necesario el sindicato porque por ejemplo en el Necaxa llegaron a debernos meses de salario. Y para quienes firmábamos un contrato en que se nos adelantaba algo de dinero, los intereses bancarios nos salvaban. Pero a los muchachos que les pagaban $500.00 de los cuales tenían que dejar $300.00 para su familia y el resto para los camiones resultaba dramático”.

“Contra ese tipo de medidas iba encaminado el sindicato, lo mismo para crear fondos para cuando los futbolistas se retiraran. En la actualidad los jugadores exigen elevados salarios antes de saber si los van a desquitar. Y aquello fue cortado de tajo, de tal suerte que Gregorio Villalobos, Arturo Chaires, Francisco Jara, Carlos Albert, “japonés” Magañana, Roberto Martínez y muchos más terminamos nuestras carreras cuando aún teníamos algunos años por delante. En mi caso, a los 30 años”, concluyo el “Piolín”, dedicado ahora a comentarista radiofónico y a instructor de fútbol entre la niñez.

Fragmento de El Informador por Francisco López Castro en mayo de 1986.

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(Ex portero de Necaxa) Antonio Mota Romero “El Piolin”… Rindió tributo a la Madre Tierra

Impactante sorpresa causó la noticia divulgada la tarde del sábado 13 de septiembre de 1986 respecto al fallecimiento de Antonio Mota Romero, víctima de un ataque cardiaco después de haber estado en una cancha de fútbol el deporte de toda su vida y de todos sus amores.

Antonio Mota Romero, mejor conocido por “El Piolín”, vio la primera luz en el Distrito Federal en la alborada de los años cuarenta cuando su hermano Salvador (por desgracia también fallecido en ese año en el Distrito Federal), buscaba la titularidad en el equipo de la cual años después pasó a las filas rayadas del Guadalajara y posteriormente vistió la casaca azulgrana del Atlante.

A los equipos del Padre Sandoval

Eso y nada más que eso, el contrato de Salvador Mota (tapatío al cien por ciento), con los rayados del Guadalajara, fue factor importantísimo para que la familia Mota-Romero se estableciera una vez más en esta bella Perla de Occidente donde el pequeño Toño de apenas seis años de edad, se hizo presente en las canchas del Deportivo “Don Bosco” luciendo si atuendo de portero queriendo emular las hazañas de su hermano Salvador.

Obviamente en el seno infantil del plante regenteado por el Padre Sandoval, el pequeño Antonio, pese a su muy baja estatura, lució sus grandes facultades para desempeñarse bajo los tres ocotes lo cual con el tiempo le dieron la nominación como seleccionado de Jalisco en los Juegos Nacionales Juveniles en la gran fiesta del XXV Aniversario llevada a cabo en la cancha de Oblatos en el mes de mayo del año 1958.

En dicho certamen nacional, “El Piolín# Mota recibió tres anotaciones solamente, factor importantísimo para que el entonces entrenador del equipo Oro, José “Chepe” Naranjo se fijara en él y le diera la oportunidad de enrolarse al club de Oblatos recibiendo su bautizo de fuego en la Copa de Oro de Occidente 1958 en cotejo contra el León  (Domingo 2 de Julio) ganando los áureos por cuatro goles a tres.

Obviamente a la corta edad de Mota y su experiencia en ciernes no podían imponerse a la experiencia de los titulares Pablo Guerrero y el argentino “Loco” Blazina, por lo cual tuvo que refugiarse en el equipo juvenil siendo llamado una vez más al  once de la franja para el XXVI Torneo Nacional coronándose Jalisco por enésima vez venciendo al Distrito Federal por el mínimo marcador.

Nueva Oportunidad Ligamayorista

En el torneo de Liga 1959-1960, “El Piolín” Mota siendo suplente de Pablo guerrero y del húngaro Feckse, mandó a la banca al europeo recibiendo su primera oportunidad ya en el torneo oficial el 18 de abril de 1959 enfrentándose al once esmeralda del León empatándose el marcador a un tanto.

Fue subiendo como la espuma

Al inaugurarse el Estadio Jalisco, hay que recordar que los onces participantes en el Torneo Pentagonal fueron: San Lorenzo de Almagro de Argentina; Sao Paulo de Brasil y los cuadros locales: Atlas, Guadalajara y Oro.

Y de esa gama de estrellas, el oro se armó hasta los dientes contratando a los brasileños Paulo Matorano (portero y entrenador), Carlito Peters, Manoel Tabares “Neco” y Juracy.

Pero, el nuevo entrenador viendo que “El Piolín” era un jugador confiable en la portería, le dejo el puesto titular quedándose él mismo como suplente.

Así con un plante base del equipo Oro con Antonio Mota, “Tamal” Ascencio, “Negro” Colmenero, Gustavo Peña, Victor Chavira, Evelio Alpizar, Miguel González Navarro, José “Chepe” Naranjo, Rogelio.

A la Selección Mayor

Pese a su muy baja estatura, los encargados de elaborar la Selección Nacional Mundialista para el Campeonato de Chile de 1962, posaron sus miradas en el ya famoso “Piolín” dándole la oportunidad don Ignacio Trelles en la gira llevada a cabo a Europa en el año 1961. Y en uno de tantos cotejos: Holanda, Checoslovaquia, Noruega, etc., el portero titular Antonio Carbajal “se enfermó” o mejor dicho le dio miedo medirse a la Selección de Inglaterra que tenía cuentas pendiente con el fútbol mexicano, Así pues le dejó el paquetito a Toño Mota recibiendo éste un rosario de OCHO GOLES A CERO, marcador que aún se recuerda con cierta ironía.

Bien, el discutido arquero Antonio Mota tomó parte de la delegación mundialista haciendo compañía a los siguientes: Antonio Carbajal, Jaime “Tubo” Gómez, Jesús del Muro, Guillermo Sepúlveda, Ignacio Jáuregui, Arturo Chaírez, Pedro Romero, Raúl Cárdenas, Pedro Nájera, Salvado Farfán, Felipe Ruvalcaba, Alfredo del Águila, Salvador Reyes, Héctor Hernández, Guillermo Ortiz, Isidoro Díaz, Alfredo Hernández, Antonio Jasso, Mario Velarde, Alberto Baeza.  Obviamente “El Piolín” y otros más no tomaron parte en las acciones, pero sí estuvieron a la expectativa de posibles lesiones de titulares.

Buscaba mayor proyección y nuevos horizontes

Claro que sí, el diminuto Mota en sus adentros y después de haber saboreado las dulces mieles de ser campeón, buscaría otros horizontes de mayor proyección optando por trasladarse a la capital del país con el once electricista del Necaxa, de tanta historia, tradición y abolengo en la competencia 1964-1965 y darles la pelea a otros tres arqueros incluso también buscaba la titularidad siendo ellos: Conrado Pulido, Ignacio Martínez y Ovejero, completando el plantel:  Tomás “Fú” Reynoso, Francisco Majewski, Reynaldo Giacomini, José Luis Pérez “Pichojos”, Carlos Albert, Miguel Galván, Alfredo Romo, Antonio Munguía, Antonio Pérsico, Roberto Martínez, Dante Juárez, Mario Velarde, Agustín Peniche, Francisco Noriega, Guillermo “Chato” Ortiz, Alberto Baeza y Leonardo Gorki.

Vistiendo ya la casaca de rojo y blanco necaxista; el debut de Mota fue en cotejo contra el Nacional tapatío empatándose el marcador a cero goles.

Obviamente su trayectoria en Necaxa fie siempre de portero titular durante siete temporadas, y su último juego fue en la competencia 1970-1971 el 14 de julio de 1971, partido que ganó Necaxa a Irapuato colgándose un rosario de siete goles a cero.

Año en el cual desapareció Necaxa dejando su lugar al Atlético Español y año en que EL RÍO ANDABA MUY REVUELTO entre un grupo  de futbolistas que trataron de implantar un SINDICATO para protegerse de algunos directivos mal intencionados, del cual Antonio Mota tomó la bandera como Secretario General secundado por otros en su mayoría necaxistas que al final de cuentas “le dieron la espalda” ¿Nombres? No tiene caso.

De regreso a la tierra que le dio proyección

Cerrada las puertas del fútbol profesional para el “revolucionario” Antonio Mota y algunos compañeros de aventura, el regreso a la tierra que le dio proyección, a la hermosa y bella Guadalajara fue inminente iniciando otro giro, otro modo de vida, incursionando incluso en el comentario deportivo en una estación loca, pero sin descuidar su condición física y sin dejar de practicar el fútbol, el deportes de sus amores haciendo compañía a sus ex compañeros de infancia y del ex campeón Oro ligamayorista, pero ahora en las canchas de las Unidades Deportivas.

Así pues, en una de tantas parcelas futboleras donde impartía sus conocimientos futboleros como entrenador, “El Piolín” Mota sintió un agudo malestar o mejor dicho una deficiencia cardiaca que en pocas horas lo privó de la existencia.

Descanse en paz Antonio “El Piolín” Mota que jugando para el fútbol de Jalisco, le dio títulos nacionales, al Oro  el titulo ligamayorista y coopero con su grano de arena con la Selección Nacional Mundialista.

Fotografía cortesía de Carlos Mendez y lacatedralrojiblanca.com 
Crónica Remembranzas Futboleras de Peter en 1986

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Ignacio Trelles; Inició en Necaxa y es Leyenda.

Pegado a la ventanilla del tren de segunda clase que lo trasladó de Guadalajara a la ciudad de México, Ignacio Trelles observó con sus ojos de niño algo inusual:

“Por primera vez, por primera vez –enfatiza– vi que estaban jugando una pelota con los pies. Eso no lo había visto en Guadalajara. Y nunca me imaginé que a partir de entonces iba a estar toda mi vida atado al fútbol”.

Desde los 10 años de edad, la vida –mejor dicho, la pelota– le marcó el destino: esa imagen de ver a alguien pateando un balón lo iba a perseguir durante más de 85 años.

La familia Trelles Campos llegó al Distrito Federal en 1926. El padre, Amador, ingeniero mecánico electricista que anduvo en la Revolución arreglando transformadores y plantas de luz, había aceptado un trabajo en la capital del país y después de instalarse decidió traer a su esposa María, maestra de profesión, y a sus cinco hijos.

El ferrocarril llegaba a la estación Colonia (donde ahora está el Monumento a la Madre). Era un domingo y vi que en un parque estaban jugando un partido de fútbol. Fue de lo primero que vi. Sí, creo que fue el destino.

A partir de ese domingo de revelación en una ciudad que no llegaba al millón de habitantes, la pelota lo llevó por todos los caminos del fútbol: después de un paso efímero como jugador profesional debido a una lesión, en su faceta de entrenador inscribió su nombre en los anales de la historia del balompié en México.

Fue el primer técnico que consiguió el primer punto y la primera victoria para el país en la historia de los mundiales; nadie ha ganado tantos títulos (siete) como él en el torneo nacional; vio jugar a los grandes astros de antaño, en una lista de notables encabezada por Pelé, Alfredo Di Stéfano, Garrincha, Bobby Charlton y Lev Yashin.

Ha sido el único técnico en dirigir a la selección en tres copas (Suecia 1958, Chile 1962 e Inglaterra 1966) y no lo hizo en México 70 para no exponer a su familia a la crítica feroz de los más reconocidos cronistas deportivos de entonces, por lo que optó por ser auxiliar de Raúl Cárdenas.

Muchos lo consideran la leyenda viviente del fútbol nacional, pero don Nacho –como le llaman con cariño y admiración– se mantiene en la modestia que siempre lo ha caracterizado y rechaza los adjetivos y los homenajes.

Dice con la parquedad que también lo identifica: No, no me siento una leyenda. Nada más estoy satisfecho de que se me reconozca de la mejor manera.

–Pero usted consiguió varias primera vez dentro del fútbol mexicano…

–Nunca me propuse cumplir determinada meta, porque el fútbol es complicado, pero sí conseguí metas importantes.

–¿Por qué no le gustan los homenajes?

–Considero que vaya a caer, como lo que veo en otros, que son inmerecidos. Yo hice lo mío como pude hacerlo; los calificativos se los dejo a los demás…

Sólo una vez lo traicionó la modestia y declaró –en tiempos de Bora Milutinovic– que si se llamara Trellesovic lo hubieran reconocido más. Sí, eso lo dije alguna vez, dice y ríe.

Se mantuvo también alejado de la política. Lo más cerca que estuvo fue cuando el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz abanderó a la selección y le dijo al entonces criticado entrenador: Lo voy a contratar en mi gabinete, para que le echen la culpa de todo lo que pasa en el país.

Ignacio Trelles Campos (Guadalajara, Jalisco, 30 de julio de 1916) acepta la entrevista con La Jornada en las instalaciones de La Noria, donde es asesor de las fuerzas básicas del Cruz Azul, club con el que más se le identifica.

Con el peso y la sabiduría de sus 95 años, llega apoyado en una andadera y se mueve con dificultad debido a algo que también le dejó el fútbol: una lesión en la pierna derecha.

¡Tengo 95 años!: ¿se imagina todo lo que he visto?, dice de entrada y acepta ser feliz, con una vida plena de recuerdos y logros. Salvo mi rodilla, de todo lo demás estoy bien, afortunadamente. El fútbol me ha tratado muy bien. La fractura afectó mi vida desde un punto de vista humano y anatómico para siempre, pero quedan grandes satisfacciones, define con voz viva y ojos brillantes, y realiza un recuerdo sin nostalgia de todo lo que surgió a partir de aquella visión infantil.

Desde esa tarde dominical, el descubrimiento del juego marcó su vida.

Cerca de la casa que alquilaba la familia en San Miguel Chapultepec –colonia en la que sigue viviendo– había unas instalaciones deportivas que tenían una cancha de fútbol.

Desde niño empecé a jugar, y a los 12 años ya formaba parte del equipo de la colonia. El capitán era Daniel Pérez Alcaraz (quien posteriormente sería locutor de radio y televisión y protagonista de El Club del Hogar) y consiguió una prueba en las fuerzas infantiles del Necaxa.

Su ingreso al balompié organizado fue mera casualidad.

Todos fuimos a ver a nuestro compañero, y yo me puse atrás de la portería. Daniel era el portero y yo regresaba con el pie todos los balones que salían de la cancha. Al final se acercó el entrenador Gaspar Rubio, yo pensé que me iba a regañar por estar muy cerca de la cancha.

Pero lo que le dijo fue, otra vez, algo dictado por su destino futbolero:

Chaval, ¿quieres jugar con nosotros?, fue la pregunta que no necesitaba respuesta.

Entonces ese chiquillo flaco de 14 años empezó a entrenar martes y jueves con el Necaxa, y prácticamente se olvidó de la escuela, mientras el culpable, Pérez Alcaraz, se tuvo que resignar después con otro oficio, en esos tiempos en que la radio apenas empezaba.

A los 13 años me gustaba andar de paseador de caballos y en el Campo Marte recogía las pelotas de los toreros y de los frontenistas que ahí iban a jugar. No era tonto, pero era un mal estudiante, porque me la pasaba de golfo. Pasaba de panzazo, mis condiscípulos en la secundaria eran los hermanos Barros Sierra, que me criticaban por vago.

Lo era.

En sus andanzas –en esos tiempos en que los niños podían andar jugueteando solos por las calles– conoció parques ahora desaparecidos, como el Asturias, con sus tribunas de madera; el España, el Germania… y observó a equipos como Asturias, España, Marte y los inolvidables prietitos del Atlante, que se imponían a los conjuntos extranjeros.

En el Necaxa, además de los 10 pesos por ganar un partido, recibía bonos para viajar en los tranvías de la propia compañía y boletos para los toros, y entonces se aficionó con Armillita, El Soldado, El Orfebre, Manolete, mientras en sus visitas a los teatros quedó impactado con Tín Tán.

Entró a la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica del Instituto Politécnico Nacional, pero fui un fracaso rotundo, por lo que su padre perdió totalmente la ilusión de que su hijo también fuera ingeniero y le consiguió empleo en la fábrica donde laboraba, ya que en esos años el fútbol sólo era una profesión de medio tiempo.

Su primer sueldo por manejar el torno y la fresadora fue de 96 centavos al día, lo que no le importaba, porque sus sueños estaban en otro lado.

En 1940 llegó al primer equipo del Necaxa y lo hizo para sustituir a uno de los históricos Once Hermanos, el Calavera Ávila. Eran muy famosos, pero poco a poco estaban dejando su lugar a los jóvenes.

El sueldo del entonces llamado Flaco Trelles se incrementó: 75 pesos al mes, con los que me podía comprar un traje y un par de zapatos de charol, pero lo que más valora fue esa vez en que los aficionados lo sacaron en hombros, luego de un partido frente al Atlante.

Necaxa-Atlante era un auténtico clásico de la década de los 40, no creado por la televisión o un periodista, como sí sucedió con el Chivas-América.

En 1943, al implementarse el fútbol profesional en el país, la Compañía de Luz ya no quiso financiar al Necaxa y los Electricistas desaparecieron por un tiempo. Los jugadores fueron transferidos a otros equipos y a Trelles le tocó ir al América, entonces un club modesto que ni siquiera tenía cancha propia para entrenar, pero experimentó ahí por primera vez lo que era viajar en avión, después de aquellas largas travesías en camiones y barcos.

Algunos de sus compañeros de los entonces Cremas le contaron que habían jugado en una liga semiprofesional de Chicago, por lo que para andar de aventurero probó fortuna durante unos cinco meses.

Una grave lesión

A su regreso firmó contrato con el Atlante, pero el fútbol le dejó muy en claro –aunque fue con rudeza innecesaria– que lo suyo no estaba dentro de la cancha: su carrera de jugador se truncó apenas en el primer partido como azulgrana.

“Fue una jugada ilógica: yo era mediocampista y antes uno jugaba su posición y nada más, no iba para otro lado, pero a mí se me ocurrió hacer algo que no me correspondía. Se la di a Martín Vantolrá, corrí hacia adelante, choqué con el portero del Marte, El Pulques León, y lo pagué muy caro.”

Trelles salió con fractura de tibia y peroné de la pierna derecha, en tiempos en que eso representaba el retiro. Nada más duré siete años como jugador profesional. Entonces la medicina estaba en pañales. Desde entonces tengo la pierna chueca, lamenta.

–¿Tiene algún resentimiento?

–No –responde con certeza–, fue algo que con plenitud acepté como cosas de la actividad. Fue un accidente –dice con resignación, con la espina clavada de no haber sido campeón como jugador, pero satisfecho de haber compartido cancha con figuras como Carlos Laviada, Octavio Vial, Luis Regueiro, Isidro Lángara, El Chato Irarragori, Pipiolo Estrada, Pirata Fuente, Dumbo López y el ídolo de entonces: Horacio Casarín.

Y se tuvo que quitar los tachones, pero el destino lo llevó –admite que sin desearlo– a ser técnico.

–Y entonces decidió ser entrenador…

–Fue forzado por las circunstancias, me vi obligado a aceptar. Yo no pensaba serlo. Hasta me tomé un receso de un año para pensar todo con calma.

Tal vez no lo había analizado, pero durante su carrera de futbolista había adquirido, como pudo, algunos conocimientos de táctica que le sirvieron para su siguiente etapa.

Ahora a los entrenadores les llegan libros de todas partes. Antes no teníamos esa fortuna y yo aprendí con recortes de periódicos y revistas que nos llegaban de Argentina, Brasil y España.

Además, le tocó otra primera vez: tomó el primer curso para entrenadores que impartió la Federación Mexicana de Fútbol.

Allá por 1948 o 1949 empezó a entrenar a un equipo amateur en Zacatepec, club del que guarda gratos recuerdos, porque obtuvo su primer título. Fuimos los primeros campeones en la historia de la segunda división y ascendimos a la primera. Fue por los años 50.

Su largo andar por los banquillos había iniciado.

Dirigió después al Marte de Cuernavaca y ganó el título en la segunda temporada (1953-54). Regresó con los Cañeros y obtuvo dos campeonatos (54-55 y 57-58).

Eran los tiempos románticos del balompié, en los que un entrenador la hacía de todo.

Un técnico era estratega, preparador físico y psicólogo. Nos tratábamos de capacitar, a nuestra manera, en esos tres aspectos. Ahora están rodeados de todo tipo de especialistas.

Crónica Carlos Hernández, La Jornada
Fotografías Crónicas del Fútbol Mexicano  

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Necaxa 1-0 Selección de Chile en 1966.

El 1ro de Mayo de 1966 el equipo mexicano Necaxa derrotó por un gol a cero a la Selección Nacional de Fútbol de Chile, en el primer partido del Torneo Cuadrangular en la capital mexicana.

El único tanto fue conseguido a los 12 minutos del segundo tiempo por el interior izquierdo brasileño Javan Marinho: el extremo mexicano del mismo lado, Peniche, se metió velozmente en el área chica, y cuando parecía dispuesto a llegar hasta las redes con el balón, atrasó éste para que Marinho, que entraba velozmente, fusilaría en corto al arquero Godoy.

Ante cerca de 50,000 espectadores que casi llenaron el estadio de la Ciudad Universitaria con el arbitraje del mexicano Héctor Ortiz.

Basados por igual en el sistema 4-2-4 los dos equipos sostuvieron un reñido forcejeo en el primer tiempo, pero desde un principio pudo advertirse que los chilenos, que se preparan para el Campeonato Mundial practicaban un fútbol de “laboratorio” en el que la necesidad de probar hombres, sistemas y tácticas predominaron sobre la búsqueda del gol.

Pese a ello, los sudamericanos, con buena aunque no extraordinaria velocidad, se mostraron más peligrosos que los mexicanos en el ataque y en cuatro ocasiones obligaron a zambullirse al arquero del Necaxa, mediante tiros de Ramírez, Prieto y Tovar. Ramírez codicioso, y con buen dominio del esférico, fue el más destacado. 

Al iniciarse el segundo tiempo. Araya entró en lugar de Fouilloux y cinco minutos después del gol, Landa reemplazo a Tovar.

En esta fase se impuso la mayor homogeneidad de las líneas mexicanas y el equipo chileno se vio frecuentemente embotellado, si bien la defensa anuló correctamente las situaciones de emergencia. 

Dos cambios más (Hodge por Rojas y González por Villanueva a los 28 minutos) permitieron que los chilenos reaccionar en las postrimerías del encuentro, el cual terminó poco después de que Ovejero sacara apuradamente a corner un fuerte disparo raso de Ramírez.

En general el partido no resultó todo lo movido que hubiera deseado el público, dada la táctica conservadora y por demás lógica de los visitantes que, además, tropezaron con un “sparring” demasiado bueno.

NECAXA: Ovejero (argentino); Reynoso, Majewski (uruguayo) Albert y Pérez; Romo y González; Baeza, Juárez (argentino), Marinho (brasileño) y Peniche.

CHILE: Godoy; Valentini, Contreras, Figueroa y Villanueva; Prieto y Rojas; Foulloux, Tovar, Ramírez y Sánchez.

Fotos y crónica El Informador 

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Pelea Campal: Zacatepec vs Necaxa en la liguilla por el no descenso en la temporada 1984-1985 

Adrian Chávez envío a córner el tiro de penalty que ejecuto Alfredo Morales; Zacatepec cayo en un desconcierto y conformismo total, para que finalmente sufriera su tercer descenso a la segunda división, en los últimos nueve años, al perder hoy por 1-0 y con un marcador global en la liguilla de 3-1.

Esta vez, el césped alto de la cancha en el Estadio Agustín “Coruco” Díaz, el intenso sol y sofocante, no ayudaron a los de casa, que fueron superados por un Necaxa batallador no de gran fútbol pero si de entrega.

Pero el partido no pudo haber terminado con palmas y porras, sino que siguiendo la tradición en las graderías y en la cancha se derramo la sangre, se altero el orden y, Antonio R. Marquez, árbitro central suspendió el partido a los 83 minutos por invasión y falta de garantías Fue determinante cuando a los 3 minutos, Ríos entro por el lado izquierdo, el portero Chávez sale a su encuentro y lo faulea, penalty. Alfredo Morales, el tirador oficial de los penalties en el Zacatepec disparo potente, a la derecha y, Chávez con la mano derecha envía el balón a corner.

No baja las manos el Zacatepec e insiste ante un Necaxa que lucha, marca y no se desespera y a los 15 minutos un remate de Ríos con la cabeza, es controlado por Chávez Sin embargo, Necaxa poco a poco fue al frente, intento los desbordes, y lejos de que los extranjeros Marcelino y Gilson, salieran a cumplir esta vez brindaron su mejor y ultimo partido con el Necaxa no así el exgoleador Outes que eludió todo tipo de entradas, brinco sobre el rival, dejo ir balones y oportunidades para anotar.

Marcelino uno de los mejores, en jugada personal por el lado derecho y con tiro potente supero al portero Vega, pero el balón se estrello en el poste izquierdo.

Zacatepec dentro de su poco dominio y llegadas, a los 34 minutos Jardon casi anota un claro autogol al regresar a su portero muy cruzado a los 34 minutos, pero Viladomat salvó.

El destino, lo marcado en el destino, hizo que Morales, al cobrar una falta a los 37 minutos, por la media cancha le diera mal y Gilson le gano para ir al frente y mandar a Marcelino, por la derecha para que este eludiera a su marcador y cuchareo el balón, lo necesario para que el mismo Gilson rematara con la cabeza ante la salida del portero Vega, y anotar el 1-0.

No paso mas y en el segundo tiempo Necaxa pudo haber aumentado el marcador cuando al minuto de juego, Marcelino llego hasta el fondo eludió al portero, tira y Luna salva casi en la raya.

Zacatepec no estaba en su día, dio la impresión de no estar en el ultimo juego de la liguilla y ello no puede recaer en la responsabilidad de un jugador, Morales, porque los otros 10 hombres en la cancha también fallaron, como Gaytán que remato mal y rechazo Chávez; contraremate Morales, y Viladomat salva en la linea.

Lo ultimo un tiro de De la Puente y Vega manda a córner, a los 73 minutos la expulsión del entrenador Fal y a los 83 un golpe a la cara de Macedo del Necaxa y Rojas, provoca la riña campal y se suspendió el partido.

Bien el arbitraje de Antonio R. Marquez, bien auxiliado en las bandas por Mendoza Guillen y Urrea.

ZACATEPEC: Vega; Becerra (Santiago 45), Davila, Luna y Rojas; Ramírez, Gallegos y Sotelo; Ríos, Gaytán y Morales (Santander 62).

NECAXA: Adrián Chávez; Francisco Macedo, César Flores, Fidel Jardon y Alonso Javier Viladomat; Gilson de Oliveira, Carlos de los Cobos y Javier De la Puente (Jaime Ordiales 78), Marcelino de Oliveira, Norberto Outes y Dante Juárez

Vetaron la cancha de Zacatepec con dos juegos y una multa de 110 mil pesos.
El Necaxa por eludir el descenso premiaron a sus jugadores con 6 millones de pesos (300 mil pesos por jugador aproximadamente). 

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¡Necaxa vence al Asturias y es Campeón de Copa México 1936!
Se jugaba la semifinal copera con los encuentros Asturias-Atlante y Necaxa-América. El cotejo entre los primeros fue ganado por los albiazules por 4 goles a 3. Al siguiente domingo el fabuloso Necaxa, volviendo por sus fueros, aplastó al América con un 9 a 0.
¡Necaxa-Asturias en la final por la Copa México! El 28 de junio de 1936 la colonia de Vista Alegre se vistió de gran fiesta, la muchedumbre futbolera desde las primeras horas del día había invadido el cupo del recién inaugurado Parque Asturias, lugar del choque final entre el equipo de La Casona y los electricistas por la conquista de la bella Copa México, galantería del Señor Presidente de la Republica, General de División Lázaro Cárdenas.
El preliminar entre reservas de Necaxa contra España, con su lluvia de 10 goles, había entretenido a la clientela: seis para los rojiblancos por cuatro de los albinegros.
Después de eso el público con gran respeto se puso de pie, pues había que abanderar a la delegación olímpica que al día siguiente partiría rumbo a Berlín a los Juegos Olímpicos, tocando al general Manuel Ávila Camacho, Subsecretario de Guerra y Marina, a nombre del Señor Presidente de la Republica, hacer la entrega de nuestra Enseña Patria al jefe de la delegación, General Tirso Hernández, a los acordes de nuestro Himno Nacional, ante 38 atletas (incluso los onces Necaxa y Asturias), listo para la lucha final copera.
Hermoso cuadro el del Parque de los Asturianos. Los Hurras retumbaban en el espacio, ¡México, México, ra, ra, ra, ra!… siguiendo luego otros más para el Necaxa y el Asturias, cuadros que presentaron gente de categoría y ambos ex poseedores de la Copa México primera y segunda versión.
El árbitro Germán Núñez Cortina, que entre paréntesis en esa fecha se retiraba de las canchas como silbante, llamo a juego a los 22 protagonistas alineando: ASTURIAS: Isidoro Sota, Benhamin y Grocz, Noreña, Bonilla y Sansebastían; Tomás Regueiro, Frade, Ruiz, Hutt y el “charro” Argüelles. NECAXA: Raúl “pipiolo” Estrada, Antonio “león de las canchas” Aspiri y Lorenzo “abuelo” Camarena; Guillermo “perro” Ortega, Ignacio “calavera” Ávila, Marcial “ranchero” Ortiz; Vicente “chamaco” García, Tomás “poeta” Lozano, Hilario “moco” López,  Julio “chino” Lores y Luis “pichojos” Pérez, ¡Cuadro grande Necaxista!.
El silbatazo de Núñez se dejó oír, lanzándose luego los dos rivales a una lucha de poder a poder. La agilidad necaxista contra la sobriedad asturiana.
El reloj trabajaba sin cobrar, haciendo una pausa en el minuto 26, el “ranchero” Marcial Ortiz sacando agua del pozo cede al “perro” Ortega, éste habilita al peruano Lores y en última instancia el “moco” Hilario consuma la jugada a flor de tierra… ¡Balazo pegado al poste!. El público enloquece, el once de sus amores llevaba la batuta. Las acciones siguieron angustiosas para la zaga electricista, y lo que ya se husmeaba tuvo que llegar; Bonilla, Arguelles, y Frede combinaron con categoría, haciendo ver mal a la retaguardia necaxista, tocando al tercero de ellos igualar la pizarra con tiro alto y fuera de alcance del “pipiolo” Estrada. En el segundo tiempo la lucha siguió de tú a tú y el marcador inamovible, pasando las acciones a tiempos extras de 15 minutos. El público seguía de pie, la emoción de los 90 minutos les había dejado sin resuello y había que esperar el desenlace. Los dos cuadros regresaron al engramado con mayores bríos y a la vez con nuevas instrucciones de sus manejadores. La pelota se puso en movimiento y faltando un minuto para el final del primer tiempo, el “moco” Hilario, el gran cañonero extraído de las filas del Nacional tapatío, aprovechando un centro matemático del “chamaco” García remata de aire consumando el segundo gol el tanto que a la postre fue de la victoria del Necaxa. Después del silbatazo final los “Once Hermanos” dando la vuelta olímpica fueron ovacionados, congregándose en seguida, ante el palco de honor para recibir de manos del entonces coronel José Manuel Núñez, ayudante del Señor Presidente de la Republica, la codiciada cipa, presea que se puso en manos del capitán rojiblanco Julio Lores. Así, la cotizada Copa México pasó por segunda vez a las vitrinas del Club Necaxa, hasta nuestros tiempos el once más querido por la afición de la Republica entera. Fotografía cortesía José Luis JaureguiHistoria Remembranzas Futboleras de Peter en 1966

¡Necaxa vence al Asturias y es Campeón de Copa México 1936!

Se jugaba la semifinal copera con los encuentros Asturias-Atlante y Necaxa-América. El cotejo entre los primeros fue ganado por los albiazules por 4 goles a 3. Al siguiente domingo el fabuloso Necaxa, volviendo por sus fueros, aplastó al América con un 9 a 0.

¡Necaxa-Asturias en la final por la Copa México! El 28 de junio de 1936 la colonia de Vista Alegre se vistió de gran fiesta, la muchedumbre futbolera desde las primeras horas del día había invadido el cupo del recién inaugurado Parque Asturias, lugar del choque final entre el equipo de La Casona y los electricistas por la conquista de la bella Copa México, galantería del Señor Presidente de la Republica, General de División Lázaro Cárdenas.

El preliminar entre reservas de Necaxa contra España, con su lluvia de 10 goles, había entretenido a la clientela: seis para los rojiblancos por cuatro de los albinegros.

Después de eso el público con gran respeto se puso de pie, pues había que abanderar a la delegación olímpica que al día siguiente partiría rumbo a Berlín a los Juegos Olímpicos, tocando al general Manuel Ávila Camacho, Subsecretario de Guerra y Marina, a nombre del Señor Presidente de la Republica, hacer la entrega de nuestra Enseña Patria al jefe de la delegación, General Tirso Hernández, a los acordes de nuestro Himno Nacional, ante 38 atletas (incluso los onces Necaxa y Asturias), listo para la lucha final copera.

Hermoso cuadro el del Parque de los Asturianos. Los Hurras retumbaban en el espacio, ¡México, México, ra, ra, ra, ra!… siguiendo luego otros más para el Necaxa y el Asturias, cuadros que presentaron gente de categoría y ambos ex poseedores de la Copa México primera y segunda versión.

El árbitro Germán Núñez Cortina, que entre paréntesis en esa fecha se retiraba de las canchas como silbante, llamo a juego a los 22 protagonistas alineando:

ASTURIAS: Isidoro Sota, Benhamin y Grocz, Noreña, Bonilla y Sansebastían; Tomás Regueiro, Frade, Ruiz, Hutt y el “charro” Argüelles.

NECAXA: Raúl “pipiolo” Estrada, Antonio “león de las canchas” Aspiri y Lorenzo “abuelo” Camarena; Guillermo “perro” Ortega, Ignacio “calavera” Ávila, Marcial “ranchero” Ortiz; Vicente “chamaco” García, Tomás “poeta” Lozano, Hilario “moco” López,  Julio “chino” Lores y Luis “pichojos” Pérez, ¡Cuadro grande Necaxista!.

El silbatazo de Núñez se dejó oír, lanzándose luego los dos rivales a una lucha de poder a poder. La agilidad necaxista contra la sobriedad asturiana.

El reloj trabajaba sin cobrar, haciendo una pausa en el minuto 26, el “ranchero” Marcial Ortiz sacando agua del pozo cede al “perro” Ortega, éste habilita al peruano Lores y en última instancia el “moco” Hilario consuma la jugada a flor de tierra… ¡Balazo pegado al poste!.
El público enloquece, el once de sus amores llevaba la batuta.

Las acciones siguieron angustiosas para la zaga electricista, y lo que ya se husmeaba tuvo que llegar; Bonilla, Arguelles, y Frede combinaron con categoría, haciendo ver mal a la retaguardia necaxista, tocando al tercero de ellos igualar la pizarra con tiro alto y fuera de alcance del “pipiolo” Estrada.

En el segundo tiempo la lucha siguió de tú a tú y el marcador inamovible, pasando las acciones a tiempos extras de 15 minutos.
El público seguía de pie, la emoción de los 90 minutos les había dejado sin resuello y había que esperar el desenlace.
Los dos cuadros regresaron al engramado con mayores bríos y a la vez con nuevas instrucciones de sus manejadores.

La pelota se puso en movimiento y faltando un minuto para el final del primer tiempo, el “moco” Hilario, el gran cañonero extraído de las filas del Nacional tapatío, aprovechando un centro matemático del “chamaco” García remata de aire consumando el segundo gol el tanto que a la postre fue de la victoria del Necaxa.

Después del silbatazo final los “Once Hermanos” dando la vuelta olímpica fueron ovacionados, congregándose en seguida, ante el palco de honor para recibir de manos del entonces coronel José Manuel Núñez, ayudante del Señor Presidente de la Republica, la codiciada cipa, presea que se puso en manos del capitán rojiblanco Julio Lores. Así, la cotizada Copa México pasó por segunda vez a las vitrinas del Club Necaxa, hasta nuestros tiempos el once más querido por la afición de la Republica entera. 

Fotografía cortesía José Luis Jauregui
Historia Remembranzas Futboleras de Peter en 1966

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¡Necaxa vence al Santos de Brasil! El 2 de febrero de 1961, en un torneo pentagonal, Necaxa saltaba a la cancha con Jorge Morelos; Larrazolo, Pedro Dellacha y Romero; Giacomini y “Fumanchú”Reynoso; Baeza, Alberto Evaristo, Dante Juárez, Guillermo “Chato” Ortiz y Agustín “El Yuca” Peniche.
Una alineación memorable que no puede ser olvidada por los necaxistas de corazón y por aquellos amantes del buen fútbol.
Jamás, un equipo jugó tan bien para vencer 4-3 a los gloriosos campeones de Sao Paulo que desarrollaban un fútbol superior, un futbol que solo podía jugarse en el cielo porque en la tierra parecía imposible; pues bien, para El Santos no había impedimentos, todo lo podían y lo hacían.
Entonces, el triunfo necaxista, es de doble mérito, porque con empuje, coraje y con la camiseta cosida a la piel lograron humillar a “los enviados de Dios”, a los grandilocuentes Santos y las acciones se desarrollaron de la siguiente forma:
El Necaxa salió a jugar de tú a tú, sin tácticas defensivas o el incesante peloteo a media cancha que en muchas ocasiones sirve para mantener invicta una meta.
No, el Santos inclusive tuvo que remontar marcador no para ganar, sino para tratar de no perder. Era el minuto dos, cuando Peniche tomó el balón y se quitó en un palmo de narices a Dorval, Zito y Dalmo.
Logró mandar el pase ante el embiste de este último y la tomó Dante Juárez, quien sin parar el esférico, así como venía, mandó un trallazo que abrió brecha por el pasto y se incrustó por debajo del portero Laercio. El estadio era un manicomio.
Juárez tuvo dos oportunidades más, pero las rechazó el poste que se convertía en un defensa santista. El primer tiempo le perteneció sin duda al Necaxa, que veía los rostros desesperados del Santos por empatar.
Al minuto 9, Dalmo fauleó a Peniche a las afueras del área. Evaristo cobró en una jugada hecha y se la puso como con la mano al mismo Peniche, que de cabeza ponía el marcador 2-0.
Santos, lastimado en su orgullo de campeón, arremetió con furia. Comenzó a jugar con sus famosas triangulaciones relámpago. Pelé, quitándose a dos, puso un pase alargadito a Pepe y este metió el esférico pegadito al poste, moviendo el marcador 2-1.
Los electricistas se fueron con todo y en un par de jugadas una de Juárez y otra de Evaristo, cimbraron la cabaña enemiga, pero ninguna fue anotación.
La magia de Pelé, sin embargo, marcó de nueva cuenta el partido. Sirvió como en bandeja un pase filtrado a Coutinho y este sin más, anotó el del empate, pero el árbitro considerando un fuera de lugar anula el tanto y las cosas siguen en favor del Necaxa. La gente respiraba tranquila.
Pero el Santos estaba encima. Pepe manda un obús que rechaza Morelos. Dorval toma el balón y centra a Coutinho que vuela para rematar con la testa y anida el segundo para su causa.
Las acciones estaban de un solo lado. La gente en las tribunas se desesperaba, parecía lo mismo de siempre, ya se esperaba la goliza brasileña en la segunda parte.
Pero no fue así, el Necaxa salió para el segundo tiempo como si el triunfo dependiera la vida misma. Es el minuto cinco cuando Pepe está a punto de batir a Morelos quien con reflejos felinos logra tomar en sus manos la bola. Sirve a Dante Juárez y este filtra un pase preciso a Ortiz, quien con clase fina y suavemente coloca el esférico cruzando el portero santista y clava el gol que pone al Necaxa 3-2.
Santos como animal herido reacciona. Un cuadro mexicano no puede humillarlos así, claro que no. Con todo, sus estrellas atacan una y otra vez la cabaña defendida por Morelos. Pelé en una gambeta, pretende irse por la derecha cuando se forma una melé de jugadores. Dellacha embiste a la estrella brasileña y este cae conmocionado. Tiene que abandonar el partido con una luxación y un ojo morado. Santos furioso, juega a todo tren. El partido se vuelve tenso. Los golpes por debajo se suscitan con frecuencia.
Al minuto doce del segundo tiempo la furia santista domina la portería de Morelos. Romero para evitar la caída de su marco, mete las manos dentro del área y se marca un penal. Cobra Pepe que anota sin que Morelos pueda hacer nada. Las cosas se ponen 3-3.
Contrario a lo que se pensaría, el Necaxa se fue con todo lo mismo que el Santos, sin contemplaciones, ambas escuadras quieren ganar. No hay medias tintas, es el todo por el todo. En las tribunas los aficionados están a punto del soponcio, hay varios desmayados ante las férreas acciones que se dan en ambas porterías. Ahora ataca el Santos, ahora el Necaxa.
Es el minuto 20 cuando la gente entre afónica y delirante, verá concluidas sus aspiraciones: Baeza da un pase preciso a Evaristo, de éste a “Fumanchú” que se mete por el centro. Manda el balón a Dante Juárez quien se quita a uno y a otro, se mete como Pedro por su casa y se pone delante de Laercio y lo fusila materialmente. Es el 4-3 definitivo. En las gradas se ríe, se canta, se llora. Los aplausos no dejan de sonar.
El Necaxa, poseído por el público, sigue arremetiendo, mantiene en jaque a la portería del Santos que ya nada puede hacer. Los últimos minutos son cardiacos. Un cañonazo de Pepe anuncia que El santos no ha muerto, pero el silbatazo del árbitro dice lo contrario.
El Necaxa, en el mejor partido de su historia, jugando en plan de coloso, vencía al Santos de Pelé. Fue la gesta de un equipo que venía de malas temporadas y que por años, siguió con esa mala racha de no ganar un campeonato, ni tan solo un trofeo cualquiera.
Pero sus aficionados, por años recordaron el triunfo sobre Santos. Cuando alguien hacía burla del Necaxa, de aquel Necaxa que permanecía siempre en los últimos sitios de la tabla, no había más que recordar que se le ganó al mejor equipo del mundo con todo y sus estrellas, con todo y Pelé para que todos se pusieran de pie y reconocieran con un aplauso la epopeya histórica de un gran equipo mexicano: El Necaxa.
Fotografía cortesía de Reynaldo GiacominiHistoria lacatedralrojiblanca.com

¡Necaxa vence al Santos de Brasil!

El 2 de febrero de 1961, en un torneo pentagonal, Necaxa saltaba a la cancha con Jorge Morelos; Larrazolo, Pedro Dellacha y Romero; Giacomini y “Fumanchú”Reynoso; Baeza, Alberto Evaristo, Dante Juárez, Guillermo “Chato” Ortiz y Agustín “El Yuca” Peniche.

Una alineación memorable que no puede ser olvidada por los necaxistas de corazón y por aquellos amantes del buen fútbol.

Jamás, un equipo jugó tan bien para vencer 4-3 a los gloriosos campeones de Sao Paulo que desarrollaban un fútbol superior, un futbol que solo podía jugarse en el cielo porque en la tierra parecía imposible; pues bien, para El Santos no había impedimentos, todo lo podían y lo hacían.

Entonces, el triunfo necaxista, es de doble mérito, porque con empuje, coraje y con la camiseta cosida a la piel lograron humillar a “los enviados de Dios”, a los grandilocuentes Santos y las acciones se desarrollaron de la siguiente forma:

El Necaxa salió a jugar de tú a tú, sin tácticas defensivas o el incesante peloteo a media cancha que en muchas ocasiones sirve para mantener invicta una meta.

No, el Santos inclusive tuvo que remontar marcador no para ganar, sino para tratar de no perder. Era el minuto dos, cuando Peniche tomó el balón y se quitó en un palmo de narices a Dorval, Zito y Dalmo.

Logró mandar el pase ante el embiste de este último y la tomó Dante Juárez, quien sin parar el esférico, así como venía, mandó un trallazo que abrió brecha por el pasto y se incrustó por debajo del portero Laercio. El estadio era un manicomio.

Juárez tuvo dos oportunidades más, pero las rechazó el poste que se convertía en un defensa santista. El primer tiempo le perteneció sin duda al Necaxa, que veía los rostros desesperados del Santos por empatar.

Al minuto 9, Dalmo fauleó a Peniche a las afueras del área. Evaristo cobró en una jugada hecha y se la puso como con la mano al mismo Peniche, que de cabeza ponía el marcador 2-0.

Santos, lastimado en su orgullo de campeón, arremetió con furia. Comenzó a jugar con sus famosas triangulaciones relámpago. Pelé, quitándose a dos, puso un pase alargadito a Pepe y este metió el esférico pegadito al poste, moviendo el marcador 2-1.

Los electricistas se fueron con todo y en un par de jugadas una de Juárez y otra de Evaristo, cimbraron la cabaña enemiga, pero ninguna fue anotación.

La magia de Pelé, sin embargo, marcó de nueva cuenta el partido. Sirvió como en bandeja un pase filtrado a Coutinho y este sin más, anotó el del empate, pero el árbitro considerando un fuera de lugar anula el tanto y las cosas siguen en favor del Necaxa. La gente respiraba tranquila.

Pero el Santos estaba encima. Pepe manda un obús que rechaza Morelos. Dorval toma el balón y centra a Coutinho que vuela para rematar con la testa y anida el segundo para su causa.

Las acciones estaban de un solo lado. La gente en las tribunas se desesperaba, parecía lo mismo de siempre, ya se esperaba la goliza brasileña en la segunda parte.

Pero no fue así, el Necaxa salió para el segundo tiempo como si el triunfo dependiera la vida misma. Es el minuto cinco cuando Pepe está a punto de batir a Morelos quien con reflejos felinos logra tomar en sus manos la bola. Sirve a Dante Juárez y este filtra un pase preciso a Ortiz, quien con clase fina y suavemente coloca el esférico cruzando el portero santista y clava el gol que pone al Necaxa 3-2.

Santos como animal herido reacciona. Un cuadro mexicano no puede humillarlos así, claro que no. Con todo, sus estrellas atacan una y otra vez la cabaña defendida por Morelos. Pelé en una gambeta, pretende irse por la derecha cuando se forma una melé de jugadores. Dellacha embiste a la estrella brasileña y este cae conmocionado. Tiene que abandonar el partido con una luxación y un ojo morado. Santos furioso, juega a todo tren. El partido se vuelve tenso. Los golpes por debajo se suscitan con frecuencia.

Al minuto doce del segundo tiempo la furia santista domina la portería de Morelos. Romero para evitar la caída de su marco, mete las manos dentro del área y se marca un penal. Cobra Pepe que anota sin que Morelos pueda hacer nada. Las cosas se ponen 3-3.

Contrario a lo que se pensaría, el Necaxa se fue con todo lo mismo que el Santos, sin contemplaciones, ambas escuadras quieren ganar. No hay medias tintas, es el todo por el todo. En las tribunas los aficionados están a punto del soponcio, hay varios desmayados ante las férreas acciones que se dan en ambas porterías. Ahora ataca el Santos, ahora el Necaxa.

Es el minuto 20 cuando la gente entre afónica y delirante, verá concluidas sus aspiraciones: Baeza da un pase preciso a Evaristo, de éste a “Fumanchú” que se mete por el centro. Manda el balón a Dante Juárez quien se quita a uno y a otro, se mete como Pedro por su casa y se pone delante de Laercio y lo fusila materialmente. Es el 4-3 definitivo. En las gradas se ríe, se canta, se llora. Los aplausos no dejan de sonar.

El Necaxa, poseído por el público, sigue arremetiendo, mantiene en jaque a la portería del Santos que ya nada puede hacer. Los últimos minutos son cardiacos. Un cañonazo de Pepe anuncia que El santos no ha muerto, pero el silbatazo del árbitro dice lo contrario.

El Necaxa, en el mejor partido de su historia, jugando en plan de coloso, vencía al Santos de Pelé. Fue la gesta de un equipo que venía de malas temporadas y que por años, siguió con esa mala racha de no ganar un campeonato, ni tan solo un trofeo cualquiera.

Pero sus aficionados, por años recordaron el triunfo sobre Santos. Cuando alguien hacía burla del Necaxa, de aquel Necaxa que permanecía siempre en los últimos sitios de la tabla, no había más que recordar que se le ganó al mejor equipo del mundo con todo y sus estrellas, con todo y Pelé para que todos se pusieran de pie y reconocieran con un aplauso la epopeya histórica de un gran equipo mexicano: El Necaxa.

Fotografía cortesía de Reynaldo Giacomini
Historia lacatedralrojiblanca.com

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